En el estanco que hay debajo de mi casa hay dos muchachas atendiendo. Una es simpática, dice hola, te mira a los ojos, sonríe, te da las gracias, te dice adiós. La otra no saluda, pone cara de manzana amarga, no te mira a los ojos, y parece que le moleste que entres por la puerta. No sé si es cuestión de antipatía natural, de asqueamiento, o simplemente de vergüenza. Cada uno es como es.
NOTICIA 2438ª DESDE EL BAR: MANUEL AZAÑA Y LOS ÁRBOLES
-
Hay una carta de 1919 escrita por Manuel Azaña desde Francia a un amigo
suyo apellidado Vicario donde se indigna grandemente al enterarse que en
Alcalá ...
Hace 23 horas



No hay comentarios:
Publicar un comentario